3 mar. 2014

Saga Crossfire - Sylvia Day.

Nombre: No te escondo nada.
Autor: Sylvia Day.
Sinopsis: Gideon Cross apareció en mi vida como un rayo en la oscuridad… Era guapo y brillante, imprevisible y sensual. Me atraía como nadie ni nada lo había hecho en toda mi vida. Ansiaba tocarle como si fuera una droga, aun sabiendo que eso me debilitaría. Yo estaba muy herida, y él abrió esas grietas tan fácilmente… Gideon lo sabía. Tenía sus propios demonios. Y nos convertimos en los espejos que reflejaban las heridas más íntimas de cada uno… y también nuestros deseos. Los lazos de su amor me transformaron, incluso cuando rezaba para que la tormenta de nuestros pasados no nos separará… 


Nombre: Reflejada en ti.
Autor: Sylvia Day.
Sinopsis: En Reflejada en ti Eva Tramell y Gideon Cross tendrán que luchar con todas sus fuerzas para que su historia de amor triunfe. La desmedida atracción física que existe entre ambos juega a su favor, pero las tentaciones carnales no están hechas para los que les gusta bailar con el diablo, y su tormentoso pasado tampoco les ayudará a conseguir tener la típica relación romántica.
Eva y Gideon lucharán por tener su final feliz, pero ni esto es un cuento de hadas ni ellos son personajes de fábula. ¿Será suficiente su amor para seguir juntos, o su futuro pasa por camas separadas?


Nombre: Atada a ti.
Autor: Sylvia Day.
Sinopsis: El oscuro y exquisito placer de la posesión... «Gideon Cross apareció en mi vida como un rayo en la oscuridad… Era guapo y brillante, imprevisible y sensual. Me atraía como nadie ni nada lo había hecho nunca». Sexy, adictiva y seductora, la tercera entrega de la serie Crossfire consolida su gran éxito internacional y se devora con avidez.
Con más de tres millones de lectores, Sylvia Day es una de las autoras más leídas del momento.


Nombre: Cautivada por ti.
Autor: Sylvia Day.
Fecha de publicación: Todavía no confirmada.
Sinopsis: "Gideon me llama su ángel, pero él es el milagro en mi vida. Mi hermoso guerrero herido, tan determinado en matar mis demonios, rechazando al mismo tiempo, a enfrentar los suyos.
Los votos que intercambiamos deberían habernos atado más fuerte que la sangre y piel. En cambio, abrieron viejas heridas, exponiendo dolor e inseguridades, y atrajeron resentidos enemigos desde las sombras. Lo sentía escurriéndose de mis manos, mis grandes miedos convirtiéndose realidad, mi amor a prueba en formas que no estaba segura de ser lo suficientemente fuerte para resistir.
En el momento más feliz de nuestras vidas, la oscuridad de su pasado invadía y amenazaba todo lo que tanto habíamos trabajado. Enfrentábamos una terrible elección: aquella seguridad de las vidas que teníamos antes de conocernos o luchar por un futuro que, de pronto, parecía un sueño imposible y sin esperanza..."
Primer fragmento del libro: 
“Pídeme que vaya contigo,” dijo Gideon. Era tan duro decirle no a él. Sabia que odiaba la idea de estar alejado de mi por un fin de semana entero. Yo también lo odiaba. Y era mucho peor sabiendo que se preocuparía y seria infeliz durante todo ese tiempo. Mi sonrisa se desvaneció. “No puedo. Si voy a empezar a decirle a la gente que estamos casados, tengo que empezar con Cary, y no puedo hacerlo contigo alrededor. No quiero que sienta como si estuviera en el exterior de una vida que estoy creando contigo.” “No quiero estar en el exterior tampoco.” Entrelacé mis dedos con los suyos, tratando de demostrarle cuán conectados estábamos y siempre lo estaríamos. “Pasar tiempo a solas con amigos no nos hace menos pareja.” “Prefiero pasar el tiempo contigo. Tú eres la persona mas interesante que conozco.” Sus palabras, habladas tan como si fueran un hecho, me dejaron tambaleando. De todas las cosas que podía decirme... todas las formas que podía decirme que me ama... ésa fue la que justo dio en el clavo.  Desbordada, levante mi falda y monté a horcajadas sobre su entrepierna antes de darme cuenta lo que estaba haciendo. Sosteniendo su rostro en mis manos, lo besé desesperadamente, necesitando mostrarle cuán fácil me destrozaba en todas las mejores maneras posibles. Él gimió cuando me aparté, sus dedos flexionándose posesivamente en la curva de mis nalgas. "Haz eso de nuevo." “Estoy tan caliente por ti ahora mismo,” Respiré, usando la yema de mi pulgar para frotar sus labios limpios de mi labial. “Esta bien. Estoy bien con eso.” Me reí y me invadió una felicidad pura cuando me sonrió devuelta. “Me siento tan espectacular en este momento.” “¿Mejor de lo que te sentiste en el pasillo?” “Esa es otra clase diferente de espectacular.” Mis dedos bailaron sobre sus hombros . “Ése fue el mejor halago, campeón. Especialmente viniendo de el Gideon Cross. Conoces gente fascinante todos los días.” “Y deseo que se vayan así puedo volver a ti.” Mis ojos escocían de lagrimas. Me hacia sentir tan... preciada. “Dios, te amo. Tanto que duele.” Lo abrasé con fuerza y llegue a sentir un temblor en su abrazo que me decía cuanto lo afectaba a él también. Quería que sintiera amor todo el tiempo, en todo su alrededor. Lo merecía. Lo necesitaba. “Quiero que hagas algo por mí," Murmuré. “Lo que quieras. Todo.” Sonreí contra su mejilla. “Tengamos una fiesta.” “Genial. Prepararé el columpio.” Retrayendome, le di un empujón a su hombro. “No esa clase de fiesta, fiera.” Él suspiró. “Qué lata.” El pensar estar amarrada me ponía nerviosa, pero eso no iba a detenerme de darle mi mejor esfuerzo en convertir todas las fantasías de Gideon en realidad. Le di una sonrisa maliciosa. “¿Que tal si prometo el columpio a cambio de la fiesta?” “Ah, ahora estamos hablando.” Se puso cómodo con una sonrisa indulgente. “Dime lo que tienes en mente.” “Bebidas y amigos, tuyos y mios .” “De acuerdo.” Sus ojos tomaron un brillo calculador. “Veo tu bebida y amigos, y te elevo con un rapidito durante el mismo, en alguna esquina oscura.” Tragué saliva con dificultad. Él sabia como entenderme, sabia cuanto lo deseaba cuando estaba relajado y divirtiéndose, cuanto quería reclamar mi derecho a tenerlo en la manera mas inmediata y primitiva posible. “Eres duro de roer,” dije. “Exactamente mi intención.” 
“De acuerdo, entonces.” Relamí mis labios. “Veo a ti y tu rapidito, y te elevo a una sobada bajo la mesa.” 
Sus cejas se elevaron. “Con la ropa puesta,” contra argumentó. 
Canturrié suavemente en desacuerdo. "Creo que necesitas repasar y revisar, Sr. Cross.” 
“Creo que necesitaras trabajar duro para convencerme, Sra. Cross.”
Segundo fragmento del libro desde el punto de vista de Gideon (no es seguro que aparezca en el libro): 

Eran apenas las siete de la mañana.
 
Había dejado el departamento que Eva compartía con Cary hace un par de horas antes, queriendo darle tiempo para conseguir unas pocas horas de sueño antes de que se dirigiera al trabajo. Habíamos estado haciéndolo toda la noche, ambos necesitados y hambrientos. Pero había algo más también. Una urgencia por parte de Eva que me carcomía y dejaba intranquilo.
 
Algo estaba molestando a mi esposa.
 
Mi mirada se desvió a la ventana y su vista de Manhattan y alrededores, luego se centro en la pared vacía, donde un collage de fotos de ella y nosotros estaría colgando en el mismo espacio de la oficina de mi penthouse, en nuestro hogar sobre la Quinta Avenida. Podía imaginar claramente el collage, habiendo pasado incontables horas estudiándolo durante los últimos meses. Observa la ciudad había sido alguna vez la manera en la que encapsulaba mi mundo. Ahora, lograba eso con sólo mirar a Eva.
 
Me senté en mi escritorio y encendí mi computadora con un movimiento del mouse, tomando una lenta y profunda respiración a medida que el rostro de mi esposa ocupaba mi monitor. No usaba maquillaje en la foto que era mi fondo de escritorio, y una pizca de luz caía como pecas en su nariz, la hacían parecer más joven que sus 24 años. Mi vista se deslizó sobre sus rasgos — la curva de sus cejas, el brillo de sus ojos grises, la abundancia de sus labios. En los momentos en los que me permito pensarlo, casi podía sentir esos labios en mi piel. Sus besos eran bendiciones, promesas de mi ángel que hacían que valiera la pena vivir mi vida.
 
Decidido, con una inhalación, alcé el teléfono y llame por macado rápido a Raúl. A pesar de lo temprano de la hora, respondió rápido y en alerta.
 
"La Sra. Cross y Cary Taylor se están dirigiendo a San Diego hoy," dije, mi mano torciéndose en un puño con solo pensarlo. No tenia más que decir.
 
"Lo tengo cubierto." 
 
"Quiero una foto reciente de Anne Lucas y un informe detallado de dónde estaba anoche, para el mediodía en mi escritorio."
 
"Como máximo," afirmo.
 
Colgué y observé el hermoso y cautivante rostro de Eva. La había capturado en un momento feliz y espontáneo, un estado del que estaba decidido a mantener por el resto de su vida. Pero anoche había estado consternada por un posible roce con una mujer a la que una vez usé. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que había cruzado caminos con Anne, pero si ella era responsable de irritar a mi esposa, estaría viéndome otra vez.
Pronto. 
 
Abriendo mi bandeja de entrada, empecé a repasar mis correos, redactando respuestas rápidas, si era necesario, y haciéndome paso hacia el asunto que había llamado mi atención al momento que abrió mi servicio de correo.
 
Sentí a Eva antes de verla.
 
Levantando mi cabeza, mis tipeos se detenían. Una repentina sensación de alivio calmó la agitación que sentía cada vez no estaba con ella.
 
Me acomodé mejor para apreciar la vista. "Te despertaste temprano, ángel."
 
Eva se detuvo en la entrada de mi oficina, su cabello rubio en un sexy enredado alrededor de sus hombros, sus mejillas y labios sonrojados por el sueño, su cuerpo curvaceo cubierto por una remera sin mangas y shorts. Estaba sin corpiño, sus suculentos senos suavemente turgentes bajo el material de algodón. Pequeña y voluptuosa, solía remarcar cuan diferente era de las mujeres con las que había sido fotografiado antes de ella.
 
"Me desperté extrañándote," respondió, con esa voz ronca que nunca fallaba en ponérmela dura. "¿Cuanto tiempo has estado despierto?"
 
"No mucho." Empujé la bandeja del teclado para hacerle lugar sobre mi escritorio.
 
Camino descalza sin hacer ruido, de manera casual e innatamente sensual. Aquel momento que la vi por primera vez, supe que me destruiría. Esa promesa estaba en sus ojos y la forma en la que se movía. A cualquier lado que fuera, los hombres la miraban. La deseaban. Tal como yo. 

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